3,7 millones de argentinos en el distrito de Buenos Aires, casi un cuarto de la población, se ven afectados por la hipertensión y la presión arterial alta. Por este alto porcentaje, el gobierno está tomando varios pasos para mejorar la salud de los argentinos restringiendo la disponibilidad de la sal en comedores públicos, y reduciendo la cantidad de dicho ingrediente en las comidas básicas como el pan.
El argentino típico consume 13 gramos de sal diariamente, mientras que menos de cinco gramos es la cantidad recomendada por la Organización Mundial de la Salud. De acuerdo con la federación de hoteles y restaurantes, el Departamento de la Salud ha sacado los saleros de las mesas en los comedores locales.
La acción no prohíbe el consumo de la sal; el saborizante sigue estando disponible, pero ahora hay que pedirlo después de saborear la comida. En adición, el gobierno ha llegado a un acuerdo con los productores de pan que recomiendan el uso regulado de sal en sus productos, para que el pan sea 40 por ciento menos salado en la provincia. Propietario Héctor Toublanc está de acuerdo con el cambio, y comenta a CNN “El chef o cocinero ya en la preparación de una comida pone sal en ella, y el cliente, sin probarla, añade más sal.”
El gobierno espera salvar hasta 2.000 vidas cada año con esta acción. Aunque no todos están de acuerdo, hay mucha evidencia que sugiere que la enfermedad de la hipertensión es directamente relacionada al consumo del sodio.
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